viernes, 7 de junio de 2019

La viuda

Mi abuelo había muerto hacía poco tiempo, más allá de la tristeza, creo que todos estábamos muy preocupados por mi abuela, esos primeros meses fueron una alerta continua, cada vez que sonaba el teléfono de línea o mi celular, algo en mi cabeza se activaba. Yo había encontrado trabajo en una tienda bastante peculiar, una boutique de chocolate camino hacia el mercado del puerto. Los chocolates más finos y una variedad extensa de sabores y formas. Pasaron unos meses cuando al fin pude acomodarme en mi economía y poder así comprarle algunos chocolates de la tienda. Lo consulte con mi madre ella me dijo - chocolates no creo que los vaya a comer, mejor cómprale unos turrones - tenía razón pensé, lo que le gusta más son los turrones.

Fuera de la época de Navidad y por Ciudad Vieja a una cuadra de mi trabajo encontré un lugar donde vendían turrones finos y españoles. Agarre la poca plata que tenía en mi billetera y no lo dude, le compré un par de esos turrones, uno más duro y otro más blando. Si bien sabía que mi abuela no estaba acostumbrada a esos turrones y que compraba los baratos, pensé que no le vendría mal probar algo nuevo. Yo sabía que con cualquier detalle iba a quedar contenta, sabía que quizás lo conocido le hubiese gustado más que lo desconocido, no sé qué se me dio, quizás exagere, quería que se pusiera contenta. Después de comprar los turrones en mi media hora de descanso volví al trabajo agarre una bolsa del local de chocolates y envolví con bastante gracia los turrones.

Desde la muerte de su esposo, mi abuela ha vivido sola en esa misma casa, nunca quiso vivir en otro lugar, incluso los primeros días tras su muerte ella se quiso quedar ahí en soledad, recordando los más de cincuenta años juntos, parecía que eran inmortales.

El siguiente domingo fuimos de tarde a verla, recuerdo que le había contado a mí madre y ella había quedado de acuerdo con lo que había comprado. Cuando llegamos le di la bolsa a mí abuela con su regalo y ella en su desconcierto lo primero que dijo es lo que dicen siempre las abuelas - no tenías que traer nada, no tendrías que haberte molestado o no ande con gastos mijo - ese desconcierto de abuela que no sabe ni cómo abrir el paquete ni entender su contenido.
Mirándome me pregunta que son y le digo que son turrones, quedó dubitativa ante la idea de que un turrón esté en una caja tan grande. Mi madre le dijo que lea el paquete que se va a dar cuenta. Se puso los lentes y muy lento empezó a leer - tu...rron es...pañol tra...dicio..nal - hizo una pausa y siguió leyendo aunque luego de esa frase quedamos todos en blanco, la alerta se activo, algo iba a pasar, un frío recorría mi espalda y el sudor recorría mi cuerpo, nos agarro de sorpresa, yo pensé que había matado a mi abuela de angustia, yo pensé que no podría haber decidido peor, ¿quién me mandó a comprar turrón caro y fino? la alerta estaba presente, mi abuela había leído - turrones "Delaviuda" - y aunque al principio en su chochera no se había dado cuenta, al ver nuestras caras que no pudimos disimular, sin saber de qué hablar abrimos un turrón y mientras lo comíamos, entre charlas que no llenaban el vacío, entendimos que la silla que sobraba, la risa que faltaba, la voz que no se escuchaba, no volvería más.

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