martes, 30 de abril de 2019

En silencio

lo vi sentado bajo el techo de un boliche de antes, una mesa de madera redonda y oscura, mirándolo tres sillas vacías a tono. Unos parlantes chinos sobre la pared beige resquebrajada. La calle a la que miraba era de balasto y de arena que se mezclaba, entre la marca de los autos que pasaban cada tanto. En la mesa un par de lentes con huellas en los cristales y un vaso de vino a medio tomar. En ese momento saca una hojilla amarilla más clara que la mancha de nicotina de sus dedos, prepara el papel lo dobla entre su dedo índice y agarra el tabaco, con paciencia y dedicación, arma un pequeño cilindro con barba de un lado. El fuego hace crujir las hebras marrones que se calcinan y se convierten en ceniza, el humo de su boca se disipa en un tenue remolino hacía el cielo. Entonces pensaba y la melancolía se regocijaba en ese silencio.

lunes, 29 de abril de 2019

El fútbol que te parió


¿Quién se olvida de tus mates? No, en serio ¿quién se olvida? Eran horribles, lo cebabas la primera vez y ya quedaba lavado. Sería una de las pocas cosas que pagaría para poder repetir aunque sea una sola vez, una sola vez de esos mates lavados.

Nadie acá está entendiendo nada, no saben ni quien sos vos, ni quién soy yo, a vos no te importa quienes son ellos pero a mi si me importa que se lleven una imagen de vos, la humana, no la endiosada, parece que hay que morirse para tener buena reputación o para que te valoren, como si la muerte pagara todas tus deudas. Me enseñaste, entre gestos, que había que ir con la mejor predisposición cuando alguna vecina te llamaba para que le arreglaras la heladera o le mates alguna rata o comadreja arriba de la parra. Aunque nunca te diste cuenta, tenías una inocencia particular de quejarte solamente por cosas pequeñas o muchas veces por cosas tontas. Tu mayor enemigo no era ni la poca plata que había, ni la familia, ni el alcohol, lugar donde te refugiaste en los últimos años de vida. Tu mayor enemigo eran los jueces de futbol, esos si te llevaban directamente a un frenesí, a una exasperación contundente y abrupta, la frase más amable era “cuervo cagón” o “este cuervo nació ciego y la…” y la que te crio.

Los jueces siempre fueron tu mayor obsesión, me acuerdo de verte contra el alambrado del estadio de Cinco Esquinas, persiguiendo al juez de línea como perro que se obsesiona corriendo autos, eras el hazme reír de todos los pibes del barrio, que adoraban tus líneas dantescas contra los jueces de turno. Esa rivalidad estoy seguro, aunque nunca me lo contaste, que nació cuando jugabas al futbol, nunca entendía bien de que habías jugado, como a los quince años entendí que jugar de 2 o de “ba” era ser zaguero central. Yo creo que ahí nació tu rivalidad, esos que antes eran amigos y que por tomar caminos opuestos en el field eran rivales, al principio de vez en cuando se miraban de reojo, se engatusaban un poco, de un lado uno para que no le cobraran la falta del otro lado el juez para que el partido no termine en bataola. Los jueces siempre fueron tus rivales más acérrimos, no se diga más, ni los militares lograron tanto odio como los cuervos. Pasaste una vida deportiva esplendorosa con muchos títulos de la OFI, siempre estuviste cerca del boliche del club y por suerte cuando te fuiste de gira eterna a jugar con todos esos amigos que se te habían ido, te reconocieron como un grande de la historia del club porque siempre estuviste involucrado, toda tu vida haciendo lo que pudieras, hasta le masajeaste las piernas a Juan Joya en el setenta y algo, con una anécdota muy divertida donde le pedias que se corriera el paquete para  masajear la otra pierna. Ya de viejo entendiste el futbol de otra forma, la cabeza ya no entendió tan claramente la estrategia, los nombres de los jugadores que cambiaban a cada seis meses y menos, la velocidad de un futbol, donde cualquier roce era falta y ya nadie le pegaba de rabona. Ahí se te fue la moto de verdad, no dejabas arbitro con madre sana, no había más familiares a salvo ya en tus ultimas idas contra el alambrado intentabas hablar con el técnico para que los pibes jugaran como vos querías, eras un completo desastre, la vergüenza que me generaba me hizo no querer más ir a la cancha contigo. Creo que vos por un lado no lo entendiste pero en realidad creo que te chupo realmente un huevo, estabas endemoniado con sepultar jueces de futbol.

Si bien no fui más a la cancha, de verdad no me arrepiento, había que escucharte en tus teorías de juego rustico y con palabras raras como: Ba, obul, ja, orsai, el ocho y algunas más como ful o poste. Era chico perdóname, no entendía nada del otro futbol, de ese que jugabas vos, el de los partidos con más de cinco goles y los goleros de boina. Ese futbol de pelota pesada y de mucho roce.
 Mirábamos a Peñarol en casa y de adolescente entendí de tus quejas constantes sobre las faltas que cobraban estos jueces modernos.  ¿Cómo podía ser que el jugador se barriera de atrás, toque la pelota primero y le cobren falta? ¿cómo podía ser? Bueno en realidad se barrió de atrás toco la pelota primero pero con la otra pierna le arrastro todo el pie de apoyo y el adversario salió volando contra la estática del lateral. Tus puteadas aparecían en esplendor, la abuela se ruborizaba y en su vergüenza decía alguna cosa ingenua o sin sentido como para cambiar de tema o te decía que te calmaras tímidamente. En tus últimos años ya cada vez entendías menos, pero tus frases de cabecera eran una maravilla: “del bigote para abajo es todo pierna” y “el jugador tiene que correr hacia la pelota y no esperar a que le llegue” (Lolo Estoyanoff esto te lo decía a vos sobretodo) En tus últimos años pudiste comprarte una buena tele y ponerle cable, eso también era una maravilla, usabas dos o tres canales nada más, buscando siempre algún campo verde donde ruede algún botija por el suelo para que vos pudieras aplaudir la falta y después comentarme con fascinación que en la noche habías visto un partido que los de rojo le habían pegado una patada al de amarillo cuando quedaba solo contra el arco, que lo zumbo y que no habían cobrado nada.

Fascinación y deterioro, ya no sabías ni te importaba realmente, creo que solo a mí me enojaba  un poco tu deterioro, el que nadie notaba, o nadie quería notar. Fascinación de ver partidos cerca de media noche sin saber de cuando eran, ni quien jugaba, y muchas veces  no saber cómo había terminado. Eras increíble en eso viejo, te lo tengo que decir, ya estabas sobrevolando en un mundo donde ver rodar la pelota iba mucho más que saber el nombre de los jugadores, cual era mejor cuadro, de cuando era el partido, tu poder de sorpresa superaba cualquier cosa, te sorprendían jugadores campeones del mundo a los que no reconocías. Que fantástico, que ganas de putear que tengo, verte disfrutar el futbol por lo que el futbol mismo significa; era mortal y si podías putear a un juez mejor y si había una piernita arriba que no cobraban mucho mejor, si el partido salía cero a cero eso no importaba.

 Una vuelta te agarre viendo un partido del Arsenal de hacia como diez años atrás, jugaba Sol Campbell y Henry era un pibe muy joven y vos estabas  encantado con uno que jugaba de lentes en la Juventus, imagino que te llamaba la atención y que era al único que pudiste seguir sin confundirte, ese partido lo gana uno a cero la Juventus con gol de Zalayeta, que en ese momento (diez años después) había vuelto a Peñarol y que vos no lo reconociste.

El deterioro no fue de un día para el otro, yo sé que vos no te diste cuenta nunca, fue horrible verte colgado mirando un punto fijo sin poder escucharnos a nosotros que a veces te gritábamos dos o tres veces antes de que reaccionaras y para tratar de disimular tu barullo interno sacabas algún tema o decías algo que casi siempre ya lo habíamos hablado dos minutos atrás. Fue duro verte así, fue duro ver que no te sentías viejo, que no aceptabas el paso del tiempo, fue duro ver cómo le recriminabas a Dios la muerte de tu hermana, fue duro tener que ir a buscarte al boliche borracho y no poder hacer nada con el violento que se manifestaba  hasta que caías tendido en la cama, fue duro llegar muchos domingos al mediodía y aguantarte medio borracho porque no aceptabas la poca tolerancia al whisky barato que te fulmino. Fue duro tener que aceptar la pasividad de un medico al que ibas todos los meses y que no te mandaba hacer chequeos de nada hasta que un día fue muy tarde, fue duro cuando te dijeron que no podías hacer más fuerza por riesgo de un ataque cardiaco, fue duro verte negarte a que no pudieras usar tu fuerza y entenderte porque  que toda la vida fuiste inventor y creador con cosas que encontrabas en la basura o que ya nadie usaba (por ejemplo, un carrito que me hiciste con unas ruedas patonas de un auto de juguete)  o que arreglabas cualquier tipo de cosa, desde una heladera hasta un jarrón de cerámica. Fue duro tener que haberme encargado de taparte y de cuidarte y fue bonito a la vez, porque sentía que te estaba devolviendo de alguna manera todo lo que vos me protegiste a mí y valorar por encima de los errores que son los que nos hacen humanos.

Cuando moriste, del club vino mucha gente a saludarme y te hicieron tremendo reconocimiento yo sé que estabas ahí porque te vi. Me quedo con lo que me dijo un hombre que en ese momento había agarrado el boliche del club y que te conocía desde hacía poco tiempo relativamente, me agarro del hombro se metió una mano en el bolsillo, saco una bolsita transparente con caramelos y me los dio y me dijo “tu abuelo, siempre, todos los días venia y cuando veía a mi hija más chica, sacaba del bolsillo algún caramelo”, ahí sí, que en honor a vos putee al cielo y me largue a llorar con una mezcla de felicidad y de tristeza tan bien mezcladas que no me sentía contento pero tampoco triste por tu perdida, estaba en un punto medio, un limbo, enseguida se me vino un flashback digno de Hollywood de las veces que me ibas a buscar al jardín, luego a la escuela, cuando me llevaban comida al mediodía o escuchando el cassette de “cielo del  69” en el Chevrolet Malibu que tenías, un auto inmenso que en el asiento de adelante era como los asientos de atrás de los autos de ahora y podíamos ir los tres juntos, vos, la abuela y yo. Siempre que me veías, revisabas tus bolsillos y me regalabas una cajita de chicles o algún caramelo, es más, si no tenías me dabas dos pesos para que me comprara. Se me cayeron las lágrimas en ese instante donde vi que tu sencillez y tu afecto no solo rodeaban a tu familia, sino que afectaba a todos tus vecinos y que eras muy importante para ellos y sobretodo muy querido. No te dabas cuenta de eso o por lo menos, no le prestabas atención a eso, no te importaba el reconocimiento, no podrías haber existido en épocas donde todos de alguna forma generamos con las redes sociales esa dependencia de atención y reconocimiento.

Cuando moriste, estábamos haciendo la misma cosa los dos, vos en tu casa y yo en la mía. Te moriste mirando futbol, estoy seguro que lo último que viste antes del suelo fue una pelota revoleada bien alta sobre un césped mal cortado y medio seco pero que en algunas partes estaba verde. Debe ser por eso que me gusta los fin de semana prender la tele y dejarla en el canal del futbol hasta que aparezca casualmente algún partido, sin importar que liga es, ni los cuadros, ni quien juega, solo tenerlo ahí como hacías vos.

sábado, 27 de abril de 2019

No te creas tan importante

“Las clases y el conflicto de clases, lejos de fundarse en las relaciones de producción, se fundarían en la distribución global, en todos los niveles, del poder en el interior de las sociedades “autoritarias”, es decir, sociedades caracterizadas por una organización global de dominio-subordinación consistente en una distribución "desigualitaria”, en todos los niveles, de aquel poder.”



NICOS POULANTZAS


¿Viste esa persona que te cuida el auto por unas monedas? Si, ese que pasa desapercibido hasta que vas a estacionar el auto y te pone de malhumor el mangazo por un servicio que en realidad crees que es a prepo, pero por las dudas de que te lo roben o te lo rayen terminas aceptando de mala gana. Bueno, de la misma manera parece que funciona nuestra sociedad cuando vota, solo que esta vez ya no sos el dueño del auto, no te lo podes creer! Imagino que te preguntaras como vos, que sos una persona de bien, puede llegar a ser ese marginado sin valores, ni principios ni una vida honrada, pero si, ese sos vos. Entiéndase el sarcasmo.


A este político que es en paralelo el dueño del auto, no le importas mucho, en realidad le importa que no le toquen lo que es de él e intenta de tratarte bien para no salir perjudicado, que en concepto de política, no es solo no quedar en el fondo de las encuestas y luego llegar último en la elección, en todo caso, si eso pasa, el punto más importante es saber caer bien parado para las próximas votaciones o para poder estacionar en ese lugar en otra ocasión.


A este cuidacoche, le viene bien por necesidad cualquier moneda, como a vos, persona honrada, entonces también se enoja cuando hace su trabajo y no le pagan. Vos sos esa persona para algunos políticos. Políticos que viven en total contradicción entre las leyes que votan y sus promesas, políticos que ganan y se olvidan de vos, políticos que derrochan la plata en arreglar autos rotos, políticos que se hacen los desentendidos y sobre todo políticos que muchas veces te pasaron por arriba y quedaste con una mano atrás y otra adelante. En ese momento fue cuando empezaste a pedir una tarifa fija para que venga un conductor y se estacione ahí. Algunas veces pediste de más y abusaste en el precio, pero otras veces fuiste justo aunque el conductor desestimara tu pedido o te pagara de malhumor. Salvando las distancias, porque vos, persona que vas a votar promesas que otros rompieron, nunca te pondrías en los zapatos de un cuidacoche.


Sin embargo estas pendiente, mirando para los costados esperando que otro auto se acerque, a veces te vas a la mitad de la calle diciendo que hay lugar, ahí estas vos, esperando que venga otro auto o político que te de unas monedas y en paralelo que te haga confiar de nuevo en un sistema político sin trampas, ni corruptos, ni grandes errores, que te de educación, seguridad, buena asistencia de salud y que te baje los impuestos pero que arregle las calles, que sea eficiente y que te de buenos salarios.


Los clásicos prejuicios entre cuidacoche y dueño del auto parecen no tocarse nunca, el dueño siempre está queriendo poner límites: ¿qué pasaría si un cuidacoche tiene más plata e intenta comprarse un auto?, seguramente el dueño empiece a dudar de dónde saca el dinero, si tiene un negocio de drogas y trata de no alentarlo. En el caso inverso la duda es la misma, exactamente igual: seguro que metió la mano en la lata, seguro que hay corrupción en todos lados y trata de no alentarlo a que siga conduciendo. Pongámosle un nombre a esta interacción: “DesNivel de DesConfianza”. Al parecer aunque este "desnivel" nunca parece ser arreglado, dueños y cuidacoches en práctica parecen no haberlo notado y hacen de cuenta que donde se estaciono el auto no hay tremendo pozo. Cuando hay un nivel de desentendimiento de estos prejuicios en general es porque las dos partes llegaron a un acuerdo, pero como la calle sigue un poco mal, estos acuerdos son bastantes frágiles, porque el pueblo quiere ser dueño del auto y el dueño del auto quiere que sigas siendo cuidacoche.


La relación dueño del auto y cuidacoche se puede generar confusa para cualquiera de las dos partes. El dueño del auto generalmente se apronta para bajarse del auto y decir lo que quiere decir, cree que nunca se va a confundir en esta efímera charla donde el cuidacoche toma iniciativa y hace una pregunta y el dueño del auto contesta. A simple vista y teorizando es sencillo. El problema es que el dueño del auto en realidad no es la persona segura que demuestra ser y teme entre las variables que le puedan pedir plata de una, que lo roben, entre otras cosas, traduciéndolo, el político sabe que las personas tienen preguntas y su labor básicamente es contestar pero su inseguridad es como el pueblo va a tomarse su respuesta. 

Muchas veces el conductor acepta el servicio y listo, caso cerrado por Ana María Polo. Otras veces el político no entiende la pregunta, ya sea porque el pueblo no se expresó con claridad o como hace el abuelo que le viene la sordera cuando le conviene y ahí se arma la hecatombe la debacle total un montón de hechos bochornosos que termina con autos partidos en dos por separación de bienes, autos todos rotos y escrachados, autos que se los lleva la grúa y solo poniendo la plata se puede recuperar, autos muy gastados que se venden para renovar y comprar un auto más nuevo (algunos cambian de color por ejemplo tenían un auto rojo y compraron uno verde), autos viejos con valija espaciosa pero con manchas de dudosa procedencia en el tapizado del asiento de atrás o autos que eran de usos compartidos pero que después de un par de discusiones parece que cada uno está empezando a comprar su propio auto. 

Del otro lado de esta charla cotidiana, el cuidacoche sabe que va a decir, la pregunta es simple, no le interesa más que le den vueltas para decirle que si o que no, en realidad se enoja un poco que el dueño del auto no diga ni buenos días y aun así le ande con vueltas y todo para contestar si o no.
Es bien simple hagamos una representación cotidiana: el cuidacoche dice - ¿Cómo van a mejorar la seguridad pública y la educación? ¿Cómo bajarían los impuestos y aumentarían los puestos de trabajo? - mientras el dueño del auto contesta - sí, si dale – a paso veloz y relojeando la hora para no mirarlo a la cara.

viernes, 26 de abril de 2019

Carta abierta a los defraudados

Te entiendo, defraudado. Aún faltan cambios que nos hacen sentir mal. Lo que no entiendo es cuando nosotros, los defraudados, empezamos a creer en los detractores, en las personas que distraen al resto con verdades a medias, con enojos propios, con la lucha del yo por encima del resto, con la meritocracia como método de justicia.
 
Que los defraudados sigan luchando por sus causas, por su barrio, por su ciudad o pueblo, que recuerden el valor de la unión, que no los distraigan los medios de comunicación morbosos que les infunden el miedo como si fuera una pastilla diaria, esos detractores que muestran una toma de rehenes en vivo o el video de una cámara de seguridad que graba el asesinato a plena luz del día de un hombre saliendo de su casa, y lo repiten tanto que generan una psicosis que sólo produce más desconfianza.

¿Cómo salir de esta encrucijada, cuando lo único que nos muestran es dolor?
Entiendo a los detractores: siempre tienen la verdad como bandera: ellos saben lo que quieren. Críticos y nobles en su voluntad de discutir y de enojarse como tatuaje al pecho, su miedo más grande es equivocarse; asumir la derrota sería demasiado para ellos. Cuando ya no tienen recursos se vuelven contradictorios, muchas veces, cuando se dan cuenta de su error y recurren a la violencia en el diálogo, a la violencia hacia la gente que no es como ellos (sobre todo, hacia las clases más bajas). En realidad, no hay mucha complejidad en la mente de los detractores: andan como boyas vaticinando la llegada de un nuevo dios que magnifique sus ganancias personales, porque la plata está por encima de muchos otros intereses, como te darás cuenta.

Fácil como tirar la piedra y esconder las ideas. De vez en cuando alguien va a sacar la basura y se le cae un “en la dictadura estábamos mejor”, “que vuelvan los milicos a poner orden”, “pongan a los milicos a trabajar en las calles”. Defraudada, te prometo que nada va a mejorar más a la democracia que que te tomes el trabajo de agarrar la mugre de los demás y tirarla a la basura; cuidar el medio ambiente es vital. Esos detractores que solucionan todo con balas no forman parte de tu desilusión, están fuera de toda discusión porque no quieren democracia ni república, sólo quieren más dolor. Ya vamos tachando caminos a seguir en este laberinto.

Yo entiendo que te preguntes por qué ayudan a las minorías y no me ayudan a mí, por qué no me dan beneficios como a la población trans o a los afrodescendientes. Entiendo que te preguntes sobre los programas del Ministerio de Desarrollo Social. Lo que no entiendo es por qué antes de ir a buscar tus propias respuestas y formular tus propias conclusiones, escuchas a los detractores, a los mensajes de dudosa procedencia que te llegan por las redes, que te llevan al descreimiento.

Volviendo a tus dudas, hemos tenido, más que beneficios, un par de privilegios que a simple vista y en la rutina diaria no se ven con claridad. Las minorías siguen siendo parte de nuestra sociedad y, sobre todo, se han visto afectadas durante décadas aguantando y pidiendo por sus propios derechos, como vos y como yo, defraudado. ¿Es menos válida su lucha que la tuya? No.

Entiendo también que el gobierno se ha equivocado, que a veces se pierde credibilidad, y en ese momento otro error de algunos es no poder asumirlo. Votar de nuevo al que te defraudó no es un acto de perdonar, es un acto de valorar cómo llegamos hasta hoy, es un acto de interiorizarse. No votes precandidatos que en sus eslóganes dicen ser buena gente: ¿buena gente para quién? Defraudada, no somos víctimas del sistema como te hacen creer los detractores; somos parte del problema, pero sobre todo somos parte de la solución.

Defraudado, para desenredar la maraña vas a tener que poner arriba de la mesa los conflictos personales y los conflictos sociales en este momento. Y pensar. Este es un momento importante, en el que vamos a decidir si seguir en un estado democrático, con aciertos y errores, o pasar a un estado de violencia, con aciertos y errores. No caigas en el discurso fácil de lo que te falta. El voto castigo no sirve de nada, defraudada. Los detractores hace años que vienen sembrando el odio, generando dudas en la gente solidaria. Vos eras una de ellas, defraudada; querías cambios, querías cumplir sueños, querías un sostén, querías laburar menos y ganar más, querías derechos laborales. Falta un montón, falta memoria. Defraudado, tu desilusión es válida. Podés pensar que todos los políticos son iguales, pero sin embargo siguen ahí, en su carrera por gobernar este país. Habrá que buscar sus matices y hacerse cargo de nuestra parte en la historia.

¿Ya conociste a los que te vendieron un estándar de familia? Los mismos que te dicen lo que tenés que sentir, pensar, decir o cómo actuar. Los que confundieron la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y el matrimonio igualitario con “ahora es ley matar bebés” o “lo que faltaba era que los putos se pudieran casar”. Estos detractores vienen a tratar de inculcarnos valores que, más que valores, son dictámenes sociales. Defraudado, son los mismos que defienden a capa y espada el liberalismo como forma de ser libre de ataduras y vivir mejor sin un gobierno que controle y gestione, y ahora parece que nos dicen cómo tenemos que amar.

Creo que si te sigo explicando te estoy subestimando, pero no, te juro que no. Hay gente que no entiende que la ley que regula el aborto no genera más abortos que antes, sino que hace legal la decisión de, bajo algunos parámetros específicos, abortar de forma segura, no sólo para que la mujer deje de poner su vida en juego sino también para que cuente con asistencia psicológica, porque abortar no es una decisión fácil como algunos piensan. Legalizar es dejar de hacer la vista gorda a las cosas que pasan en la sociedad.
Los detractores moralistas, que temen a las diferencias, apuntan con el dedo todo el tiempo mientras se sacan cartel de mejores, de gente verdadera, de valores tradicionales. Apuntan y fuego. Todo el amor que promulgan tiene bases y condiciones de uso. Si cumplís con todos los requisitos te aseguran grandes beneficios.

Defraudada, esto no es campaña política, esto es un pedido de no agresión, es un pedido de entendimiento. La estructura que nos vendieron está a punto de romperse y la violencia lúdica no es más que un manotazo de ahogado. Nos estamos quedando cada vez más solos en esta susceptibilidad de no poder quedarnos en el medio de los dos lados. De no poder estar a favor de los aciertos y en contra de los errores, sin importar la camiseta. Los de arriba y los detractores siempre se benefician del caos. Pensá, investigá, apoyá las causas democráticas. Nuevamente, este es el momento de elegir el futuro de nuestro Uruguay.