lo vi sentado bajo el techo de un boliche de antes, una mesa de madera redonda y oscura, mirándolo tres sillas vacías a tono. Unos parlantes chinos sobre la pared beige resquebrajada. La calle a la que miraba era de balasto y de arena que se mezclaba, entre la marca de los autos que pasaban cada tanto. En la mesa un par de lentes con huellas en los cristales y un vaso de vino a medio tomar. En ese momento saca una hojilla amarilla más clara que la mancha de nicotina de sus dedos, prepara el papel lo dobla entre su dedo índice y agarra el tabaco, con paciencia y dedicación, arma un pequeño cilindro con barba de un lado. El fuego hace crujir las hebras marrones que se calcinan y se convierten en ceniza, el humo de su boca se disipa en un tenue remolino hacía el cielo. Entonces pensaba y la melancolía se regocijaba en ese silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario