miércoles, 1 de mayo de 2019

Cohen

En Octubre de 2016 había escrito una despedida a mi gran maestro y amigo Leonard Cohen. Aun lo extraño, lo encuentro entre líneas de mis propias canciones, en líneas de libros y artículos para cocina, lo veo en muchos lados aunque lo extraño. Asumo que de vez en cuando lo busco, no es casualidad el encuentro, asumo que de vez en cuando no lo encuentro en ningún lado y no me afecta pero sin duda cada vez que lo encuentro hace la diferencia, me deja un mensaje. Este réquiem que sigue a continuación era un hasta luego.

La primera vez que me cruce con Leonard Cohen no fue hace tanto tiempo. Nos quedamos hablando de viejas ideas. Era tres de diciembre de 2014, yo estaba esperando unas frías navidades en el norte, esperando la nieve, recuperándome de la fiebre que me había dado por el cambio de estación. De verdad no recuerdo muy bien si alguien me dijo “ese es Cohen” o si venía con su gabardina negra, sus manos escondidas en los bolsillos, si escondía su boca con ese cuello levantado, si venía con su sombrero de Al Capone. La primera vez que conocí de verdad a Leonard me dijo que era un deportista y un pastor, que era un bastardo perezoso viviendo en un traje. Ese viaje me hizo verme con Cohen más de una vez, a veces me hablaba de Janis o de Suzanne y sus ganas de viajar con ella. Me conto una vieja historia con Marianne cuando se reían y lloraban, lloraban y se volvían a reír de toda su historia nuevamente. En ese pequeño tramo que compartimos, mientras el frio ya no nos dolía, fumamos varios cigarrillos por la melancolía, como forma de brindis, como motor y maldición de nuestras vidas. Le conté un poco de mí, se rió y me reí. Era un tímido joven con arrugas y canas. Le pregunte sobre la religión y me conto que todos los caminos llevaban a la misma meta, solo había que encontrar el camino correcto para llegar. Leonard nació judío, pero ya hacia un tiempo era un consagrado budista y había estudiado con un gurú hindú. No hablamos mucho más, no me conto sobre sus poesías, ni que tenía una casa en una isla griega. No me conto mucho de Canadá, ni de quienes eran en realidad Krantz y Beavman. 

Paso algún tiempo, es verdad, Leonard había entrado en la lista de esos artistas que nombras cuando alguien te hace esa pregunta desconcertante, vacía de encanto, llena de curiosidad: ¿Qué música escuchas? Entre la música que respiro, este pibe melancólico, espiritual, escritor por encima de todo me hace sentirme en casa. Con sus palabras no solo puedo sentirme identificado sino que también puedo aprender a encontrarme. Un artista completo, quizás no tan conocido como Dylan, igual de merecedor del premio Nobel de Literatura. Este canadiense prefirió otro camino, el camino de las sombras, con su pánico escénico a los 80 años, con su postura de gánster. Su canto casi hablado que me hace acordar a Lou Reed pero con una voz profunda casi ronca. Esa voz que empezó tierna, dulce, se terminó convirtiendo en su distintivo, como Sabina o como el mismo Dylan. Yo prefiero al Leonard de la voz gruesa y profunda que saca su mejor faceta de poeta.

 Su canción más famosa es Halleluyah, versionada por muchísimos artistas, una de esas canciones que no necesitas saber lo que dice para hacerte emocionar. Otra de sus canciones versionadas por muchos consagrados artistas es Suzanne. Atrás de esas canciones muchísimas canciones igual de buenas. No le encuentro sentido hacer una lista de esos temas, porque Cohen en cada canción que la reproducción automática de You Tube o el ranking de canciones de Spotify te vaya regalando será única. Te dejara un mensaje para vos que solo vos entenderás yo ese será tu secreto con Leonard.

Su último disco salió el 21 de octubre de este año (You want it darker). Sentí que nos había dejado un testamento a todos, una carta de despedida, un epilogo de la novela de su vida. “Hineni, hineni, i´m ready my Lord”. Hineni es una más de sus referencias bíblicas, “heme aquí, heme aquí, estoy listo mi Señor”. Su muerte no me entristece, Cohen es el símbolo de esas personas con las que no te quedo nada por decirles. Leonard es de esas personas que pudiste disfrutar a pleno, que no se reservó ni una palabra, ni un punto, ni una coma. Ese tal vez era su juego favorito.




No hay comentarios:

Publicar un comentario