lunes, 29 de abril de 2019

El fútbol que te parió


¿Quién se olvida de tus mates? No, en serio ¿quién se olvida? Eran horribles, lo cebabas la primera vez y ya quedaba lavado. Sería una de las pocas cosas que pagaría para poder repetir aunque sea una sola vez, una sola vez de esos mates lavados.

Nadie acá está entendiendo nada, no saben ni quien sos vos, ni quién soy yo, a vos no te importa quienes son ellos pero a mi si me importa que se lleven una imagen de vos, la humana, no la endiosada, parece que hay que morirse para tener buena reputación o para que te valoren, como si la muerte pagara todas tus deudas. Me enseñaste, entre gestos, que había que ir con la mejor predisposición cuando alguna vecina te llamaba para que le arreglaras la heladera o le mates alguna rata o comadreja arriba de la parra. Aunque nunca te diste cuenta, tenías una inocencia particular de quejarte solamente por cosas pequeñas o muchas veces por cosas tontas. Tu mayor enemigo no era ni la poca plata que había, ni la familia, ni el alcohol, lugar donde te refugiaste en los últimos años de vida. Tu mayor enemigo eran los jueces de futbol, esos si te llevaban directamente a un frenesí, a una exasperación contundente y abrupta, la frase más amable era “cuervo cagón” o “este cuervo nació ciego y la…” y la que te crio.

Los jueces siempre fueron tu mayor obsesión, me acuerdo de verte contra el alambrado del estadio de Cinco Esquinas, persiguiendo al juez de línea como perro que se obsesiona corriendo autos, eras el hazme reír de todos los pibes del barrio, que adoraban tus líneas dantescas contra los jueces de turno. Esa rivalidad estoy seguro, aunque nunca me lo contaste, que nació cuando jugabas al futbol, nunca entendía bien de que habías jugado, como a los quince años entendí que jugar de 2 o de “ba” era ser zaguero central. Yo creo que ahí nació tu rivalidad, esos que antes eran amigos y que por tomar caminos opuestos en el field eran rivales, al principio de vez en cuando se miraban de reojo, se engatusaban un poco, de un lado uno para que no le cobraran la falta del otro lado el juez para que el partido no termine en bataola. Los jueces siempre fueron tus rivales más acérrimos, no se diga más, ni los militares lograron tanto odio como los cuervos. Pasaste una vida deportiva esplendorosa con muchos títulos de la OFI, siempre estuviste cerca del boliche del club y por suerte cuando te fuiste de gira eterna a jugar con todos esos amigos que se te habían ido, te reconocieron como un grande de la historia del club porque siempre estuviste involucrado, toda tu vida haciendo lo que pudieras, hasta le masajeaste las piernas a Juan Joya en el setenta y algo, con una anécdota muy divertida donde le pedias que se corriera el paquete para  masajear la otra pierna. Ya de viejo entendiste el futbol de otra forma, la cabeza ya no entendió tan claramente la estrategia, los nombres de los jugadores que cambiaban a cada seis meses y menos, la velocidad de un futbol, donde cualquier roce era falta y ya nadie le pegaba de rabona. Ahí se te fue la moto de verdad, no dejabas arbitro con madre sana, no había más familiares a salvo ya en tus ultimas idas contra el alambrado intentabas hablar con el técnico para que los pibes jugaran como vos querías, eras un completo desastre, la vergüenza que me generaba me hizo no querer más ir a la cancha contigo. Creo que vos por un lado no lo entendiste pero en realidad creo que te chupo realmente un huevo, estabas endemoniado con sepultar jueces de futbol.

Si bien no fui más a la cancha, de verdad no me arrepiento, había que escucharte en tus teorías de juego rustico y con palabras raras como: Ba, obul, ja, orsai, el ocho y algunas más como ful o poste. Era chico perdóname, no entendía nada del otro futbol, de ese que jugabas vos, el de los partidos con más de cinco goles y los goleros de boina. Ese futbol de pelota pesada y de mucho roce.
 Mirábamos a Peñarol en casa y de adolescente entendí de tus quejas constantes sobre las faltas que cobraban estos jueces modernos.  ¿Cómo podía ser que el jugador se barriera de atrás, toque la pelota primero y le cobren falta? ¿cómo podía ser? Bueno en realidad se barrió de atrás toco la pelota primero pero con la otra pierna le arrastro todo el pie de apoyo y el adversario salió volando contra la estática del lateral. Tus puteadas aparecían en esplendor, la abuela se ruborizaba y en su vergüenza decía alguna cosa ingenua o sin sentido como para cambiar de tema o te decía que te calmaras tímidamente. En tus últimos años ya cada vez entendías menos, pero tus frases de cabecera eran una maravilla: “del bigote para abajo es todo pierna” y “el jugador tiene que correr hacia la pelota y no esperar a que le llegue” (Lolo Estoyanoff esto te lo decía a vos sobretodo) En tus últimos años pudiste comprarte una buena tele y ponerle cable, eso también era una maravilla, usabas dos o tres canales nada más, buscando siempre algún campo verde donde ruede algún botija por el suelo para que vos pudieras aplaudir la falta y después comentarme con fascinación que en la noche habías visto un partido que los de rojo le habían pegado una patada al de amarillo cuando quedaba solo contra el arco, que lo zumbo y que no habían cobrado nada.

Fascinación y deterioro, ya no sabías ni te importaba realmente, creo que solo a mí me enojaba  un poco tu deterioro, el que nadie notaba, o nadie quería notar. Fascinación de ver partidos cerca de media noche sin saber de cuando eran, ni quien jugaba, y muchas veces  no saber cómo había terminado. Eras increíble en eso viejo, te lo tengo que decir, ya estabas sobrevolando en un mundo donde ver rodar la pelota iba mucho más que saber el nombre de los jugadores, cual era mejor cuadro, de cuando era el partido, tu poder de sorpresa superaba cualquier cosa, te sorprendían jugadores campeones del mundo a los que no reconocías. Que fantástico, que ganas de putear que tengo, verte disfrutar el futbol por lo que el futbol mismo significa; era mortal y si podías putear a un juez mejor y si había una piernita arriba que no cobraban mucho mejor, si el partido salía cero a cero eso no importaba.

 Una vuelta te agarre viendo un partido del Arsenal de hacia como diez años atrás, jugaba Sol Campbell y Henry era un pibe muy joven y vos estabas  encantado con uno que jugaba de lentes en la Juventus, imagino que te llamaba la atención y que era al único que pudiste seguir sin confundirte, ese partido lo gana uno a cero la Juventus con gol de Zalayeta, que en ese momento (diez años después) había vuelto a Peñarol y que vos no lo reconociste.

El deterioro no fue de un día para el otro, yo sé que vos no te diste cuenta nunca, fue horrible verte colgado mirando un punto fijo sin poder escucharnos a nosotros que a veces te gritábamos dos o tres veces antes de que reaccionaras y para tratar de disimular tu barullo interno sacabas algún tema o decías algo que casi siempre ya lo habíamos hablado dos minutos atrás. Fue duro verte así, fue duro ver que no te sentías viejo, que no aceptabas el paso del tiempo, fue duro ver cómo le recriminabas a Dios la muerte de tu hermana, fue duro tener que ir a buscarte al boliche borracho y no poder hacer nada con el violento que se manifestaba  hasta que caías tendido en la cama, fue duro llegar muchos domingos al mediodía y aguantarte medio borracho porque no aceptabas la poca tolerancia al whisky barato que te fulmino. Fue duro tener que aceptar la pasividad de un medico al que ibas todos los meses y que no te mandaba hacer chequeos de nada hasta que un día fue muy tarde, fue duro cuando te dijeron que no podías hacer más fuerza por riesgo de un ataque cardiaco, fue duro verte negarte a que no pudieras usar tu fuerza y entenderte porque  que toda la vida fuiste inventor y creador con cosas que encontrabas en la basura o que ya nadie usaba (por ejemplo, un carrito que me hiciste con unas ruedas patonas de un auto de juguete)  o que arreglabas cualquier tipo de cosa, desde una heladera hasta un jarrón de cerámica. Fue duro tener que haberme encargado de taparte y de cuidarte y fue bonito a la vez, porque sentía que te estaba devolviendo de alguna manera todo lo que vos me protegiste a mí y valorar por encima de los errores que son los que nos hacen humanos.

Cuando moriste, del club vino mucha gente a saludarme y te hicieron tremendo reconocimiento yo sé que estabas ahí porque te vi. Me quedo con lo que me dijo un hombre que en ese momento había agarrado el boliche del club y que te conocía desde hacía poco tiempo relativamente, me agarro del hombro se metió una mano en el bolsillo, saco una bolsita transparente con caramelos y me los dio y me dijo “tu abuelo, siempre, todos los días venia y cuando veía a mi hija más chica, sacaba del bolsillo algún caramelo”, ahí sí, que en honor a vos putee al cielo y me largue a llorar con una mezcla de felicidad y de tristeza tan bien mezcladas que no me sentía contento pero tampoco triste por tu perdida, estaba en un punto medio, un limbo, enseguida se me vino un flashback digno de Hollywood de las veces que me ibas a buscar al jardín, luego a la escuela, cuando me llevaban comida al mediodía o escuchando el cassette de “cielo del  69” en el Chevrolet Malibu que tenías, un auto inmenso que en el asiento de adelante era como los asientos de atrás de los autos de ahora y podíamos ir los tres juntos, vos, la abuela y yo. Siempre que me veías, revisabas tus bolsillos y me regalabas una cajita de chicles o algún caramelo, es más, si no tenías me dabas dos pesos para que me comprara. Se me cayeron las lágrimas en ese instante donde vi que tu sencillez y tu afecto no solo rodeaban a tu familia, sino que afectaba a todos tus vecinos y que eras muy importante para ellos y sobretodo muy querido. No te dabas cuenta de eso o por lo menos, no le prestabas atención a eso, no te importaba el reconocimiento, no podrías haber existido en épocas donde todos de alguna forma generamos con las redes sociales esa dependencia de atención y reconocimiento.

Cuando moriste, estábamos haciendo la misma cosa los dos, vos en tu casa y yo en la mía. Te moriste mirando futbol, estoy seguro que lo último que viste antes del suelo fue una pelota revoleada bien alta sobre un césped mal cortado y medio seco pero que en algunas partes estaba verde. Debe ser por eso que me gusta los fin de semana prender la tele y dejarla en el canal del futbol hasta que aparezca casualmente algún partido, sin importar que liga es, ni los cuadros, ni quien juega, solo tenerlo ahí como hacías vos.

1 comentario:

  1. Que verdad todo. Te extraño tío.. te quiero tío y a vos también facu abrazos

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