sábado, 22 de junio de 2019

El sentido de mis días

Esa noche habías dejado arriba de la mesa un cuaderno que yo mismo te había regalado. Estaba escuchando a Cohen como muchas otras noches y entre hojas con frases con la caligrafía de un médico, recordé para que usabas ese cuaderno. Cohen cantaba "Going Home" de fondo, un sincericidio de esos que escupen fuego por la lengua. Ahí escribí la siguiente frase "Buscando la felicidad en un cuaderno de frustraciones".

Desde ahí empecé a hilvanar. No dábamos más, ni ella ni yo. Hacía días que la pregunta se armaba en mi cabeza de forma desordenada, sin embargo la tranquilidad extraña de esa noche aclaró todo: ¿Cuál es el sentido de mis días? La gota sin caer de un ojo cristalino y la cara apoyada en un puño cerrado. 

Seguro estás esperando una respuesta, que responda con palabras sabias, que te abra la puerta y la luz que está del otro lado te inunde hasta el alma, pero no. No tengo esa respuesta y en todo caso la repuesta que pueda encontrar solo intentará saciar mi voluntad de vivir y no la tuya.

Últimamente en la búsqueda de tantas respuestas creamos fuentes, nuevos filósofos urbanos que con pequeñas frases nos motivan y tratamos de adaptar esa teoría a nuestra vida. Yo no puedo congeniar así, es como si en vez de servirme un plato de comida me sirvieran un plato con la comida digerida por otra persona. 

No me importa caer en lugares comunes hacia afuera, me importa no caer en lugares comunes hacia adentro y aún así por razones obvias, sigo cayendo en ellos. Me acordé de esas gomas que la mitad se usaban para borrar lapiz y la otra mitad borraban biromes. Asi son esas respuestas para mí, hay un lado de ellas que funciona mal y terminan de romper la hoja. Prefiero tener preguntas siempre, aunque a veces me hagan dudar de mi mismo.

Ya me había olvidado de Leonard Cohen, él seguía cantando esa noche, yo en ese momento fumaba más y el humo era un par de hilos que subían entrelazandose. Me quedé escuchando "Come Healing" y riéndome, la cara apoyada en un puño y la derecha escribiendo sin parar (poco Capote, mucho Keroauc) y en el camino recorrido y sin respuestas estaba la noche, estabas vos, estaba él y estaba yo, girando y olvidando y el hilo que Ariadna me había prestado para no perderme en el laberinto eran esos garabatos inentendibles que se hicieron canción.


Sirve de algo 
no entender el malestar 
que me hace dormir 
más tiempo del que quiero?

Un tiempo extra
Que no define esta partida 
Trinan las aves que emigran
Y yo las miro con detenimiento

Pasa lento
El espejo me mira 
Y yo me olvido
Me olvido
Me olvido
Del sentido de los días

Y vos estabas
Buscando la felicidad
En un cuaderno de frustraciones

La ostentación de las sonrisas
Que no reflejan
Lo que sentís por dentro

Pasa lento
El espejo te mira 
Y vos te olvidas
Te olvidas
Te olvidas
El sentido de tus días

Con los ojos abiertos
Vuelvo y se activa
Está ceguera que obliga
A no apreciar los pequeños momentos

Y yo ya presiento 
Que algo se me olvida
Se olvida
Se olvida
El sentido de los días


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