miércoles, 16 de octubre de 2019

Lontananza

No hay donde ir, el escape pensado era una utopía por dónde se lo mirara. La idea de un mundo mejor y estar en sintonía con sus pares, lo devolvería a la tierra. La imposibilidad de encontrar soluciones era la excusa perfecta para seguir confirmando su lugar, expectante, un nuevo sol lo haría putear en voz baja. Un descanso al mediodía le hizo pensar en los trenes que pasan, en los trenes que vuelven, imaginando fugazmente que estaba sentado en un asiento mirando la ventana de un paisaje agreste y se veía de lejos. Un reflejo sacudió su cabeza, las bocinas de los autos lo devolverían a la tierra. Miro la hora, miro al cielo buscando aviones, intentando volver a ese viaje infinito pero no había nada, no había nubes, no había aviones ni respuestas, el día no podía ser más perfecto.

Como siempre llegar a las seis, dejar su maletín en un escritorio, separar papeles, saludar a su esposa con media sonrisa, sentarse en silencio en un sillón, poner las noticias para disimular porque en realidad, no las escuchaba, responder con monosílabos las preguntas. El tren volvía a su cabeza mirándose en lontananza, el teléfono llamaba y esa conexión lo devolvería a la tierra.

Al primer vaso le quedaban solo los hielos cuando prendió un cigarro y decoro con humo el living, un segundo vaso estaría por llegar. Se iba, como una droga que dilata las pupilas, se iba, como un día de playa siguiendo el trayecto del sol. Subió por la escalera hasta la terraza, las voces lo llevarían hasta el filo, buscaba aviones y no respuestas, buscaba escapar, que lo viniera a buscar una estrella. Al tirarse volaba y ahí estaba sobrevolando la ciudad, cruzándose con la noche y las luces de las calles, recorrió el barrio de su infancia, giro hasta llegar a su trabajo, volvió a subir sin esfuerzo tratando de tocar la luna. Ver su edificio lo devolvería a la tierra y en ese sillón se convenció - La vida es una distracción - se dijo y se durmió

No hay comentarios:

Publicar un comentario