Me sentí visto como si estuviera comiendo de la basura, vos sabés de que hablo. Me sentí juzgado, como si estuviera matando a alguien, sentí que me miraban con pena y con desprecio. Los miré con culpa, como si yo fuera el malo de esta escena. No me dijeron nada pero sus caras no necesitaban palabras, me odiaban, como si les fuera a robar algo, me odiaban pero con pena y yo sabiendo que nunca iba a llegar a ser como ellos, sentí que no tendría un mejor futuro nunca. Me sobraron, se taparon con sus bufandas y sentí que su problema no era el frío sino el olor.
Pasaron de largo, sabiendo que podrían disfrutar su tiempo en matar el tiempo, haciendo nada, gastando tiempo como si fuera plata, generando anécdotas que después serian mal contadas. Mientras tanto, si alguien intentará escucharme, no tendría más que historias de supervivencia que terminarían en incómodos silencios.
Ahí estábamos, la calle era para mi lado en subida y para el de ellos en bajada, sin embargo yo sentía que bajaba y que ellos subían. La simple idea de no poder romper con mi estigma, de no poder salir de este contenedor de basura, de mirar por las ventanas a la gente comiendo en todo tipo de restaurantes y desearlo tanto al punto de ya no darle importancia a nada de lo que está alrededor.
Sin embargo, yo no estaba revolviendo la basura y yo no soy un hombre de la calle, igualmente yo siento que me miran así, un poco con desprecio y otro poco con lástima. Antes solía mirar por la ventana y deseaba cosas que difícilmente pudiera lograr. Hoy me metí por sus puertas, me senté, pedí una empanada y un vaso con agua y lo pagué. Mi olor era tan fuerte que nadie se animó a quejarse, ni salir de apuro, estaban tan incómodos que el silencio era solo perturbado por los platos que chocaban entre sí en la cocina del restaurante. Comí la empanada como si fuera el más fino entrecot con papas al plomo, pagué con las monedas de todo un día y me fuí, sabiendo que el arma más poderosa era incomodarlos, despegarles el papel film que los aísla de todo, amenazar su felicidad aparente, explotar la burbuja y dejar que se quejen cuando yo ya no esté. Por cierto, la empanada también estaba plastificada.
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