Sabes cuánto hace que no veo el atardecer? Los extraño, extraño los días de invierno por la ventana, extraño el agua caliente que chifla desde la caldera diciéndome que es hora de hacer un mate o un café batido. ¿Sabes cuántas horas estoy a la intemperie por estos días? Ni una hora. Cuando no lo tengo lo valoro, cuando lo tengo no lo siento importante y ese es el mayor problema que tengo: no poder valorar lo que tengo cuando lo tengo.
No hablo del techo, del plato de comida caliente, no hablo del agua para bañarme, ni de la cama cómoda. Hablo de pequeñas cosas. Hablo, muchas veces, del tiempo. No tengo tiempo para todo lo que me gustaría tener tiempo, si escribo, no leo y si leo, no miro la serie, si miro la serie, no duermo lo suficiente, si no duermo lo suficiente, duermo de viaje al trabajo y no escribo. La repetición me abruma. Generar rutinas me aburre y ha sido una constante en mi vida, generarme rutinas para tirarlas abajo. Generar rutinas es importante, la mecanización de ellas, muchas veces, me juegan en contra. Dormir un poco más, salir sin desayunar, almorzar a las seis de la tarde, no ver el atardecer.
Ataquemos el dilema de raíz ¿Por qué el color naranja lleva el mismo nombre que la fruta? O como dijo Piedrahita ¿Que vieron los primeros pobladores de la tierra para quedarse en Alaska? Nunca lo sabremos. Volviendo a la rutina, no sé cómo generar una rutina amable aunque sea estricta, que no me deje vulnerable al salir de ella, aunque no sea todos los días, busco una rutina que me saque una sonrisa al entrar en ella y no cuando salgo aliviado. No sé si existe pasar la existencia de esa manera. Acostumbrarme y moldearme a rutinas que me matan de a poco no es respuesta. ¿La búsqueda de la felicidad se basa en tener rutinas amables y disfrutables? Tengo un mareo.
De pibe pensaba que estaba mal cableado, incluso hoy pienso que algo en mi, sabotea todo el tiempo al que quiere vivír como los demás, en esta sociedad de humanos rutinarios. Al saboteador lo abrazo de vez en cuando, por su capacidad, aunque me cague la existencia y cuando lo abrazo todo vuelve a empezar. En esta oscuridad la flama crece y se expande generando luces y sombras, entonces la veo mejor, escribo mas, hago más. Pedir devolución de atardeceres es darle a mí cabeza el espacio que necesita (o cree necesitar) y ahí los atardeceres son rutinarios, el mate y la caldera son rutina, la hoja en blanco. Necesito seguir, necesito seguir, me estoy esforzando en estos días oscuros, mientras sigo esperando que pase el milagro. Abrazo y volver a empezar.
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